El otro día mi mamá llegó a mi casa dándome una “maravillosa” noticia:
Mama: Antonia, baja a ver lo que te traje
Yo: me da flojera ven tú
Mamá: *enojada* mira como me tiene preocupada que seas una floja que se pasa todo el día en el computador y que no se levanta ni siquiera para comer, así que decidí darle un vuelco total a tu vida y te inscribí en un *suena música maligna* GIMNASIO!!
Entonces mi mundo se desplomó… ¿un gimnasio? Si hay un lugar donde no me sentiré cómoda de ninguna manera es allí… ¿y si en vez de eso solo paseara perros grandes? Ese es un gran ejercicio, al menos mejor que una maldita máquina caminadora o un montón de pesas.
Así que tuve que ir. Lo que mi maravillosa madre estaba tratando de hacer fue llevarme a un curso de aeróbica, donde montones de señoras gordas se pasaban el rato bailando ridículamente. Lo primero que sentí al estar ahí fue angustia… ¡me sentí demasiado flaca! Disimuladamente me fijé en cada uno de los contornos de mi cuerpo y los comparé con los de las demás. Me espanté, no quería ser así. Aproveché el mejor momento y me escapé. Llegué a mi casa y me lo comí todo, literalmente,, no quería ser delgada, quería parecerme a esas mujeres obesas del gimnasio. Luego recordé que la obesidad era mala para la salud, por lo que angustiosamente, seguí comiendo para pasar la pena.
RESULTADO: en mi primera sesión de gimnasio aumenté unos ligeros tres kilos de peso y siete centímetros de circunferencia.
Obviamente tengo un problema mental: terror a ser delgada.
En mi casa se ven muchos documentales y programas culturales, muchos de los cuales eran acerca de la anorexia y la bulimia. Ver a esas mujeres tan extremadamente delgadas me dio un claro trauma psicológico del que aún no me puedo librar. Y como si esto no fuera lo suficientemente traumante, cuando crecí un poco y empecé a comprar revistas de moda ¿con qué me encontré? Con mujeres más flacas de las que jamás había visto, pero no sólo eso, sino que además en vez de ayudarlas con sus problemas de peso ¡las idolatraban!
Como te habrás dado cuenta, tengo una especie de anorexia invertida, quizás por eso es que odio tanto al mundo de la moda y la farándula.
Más allá de todo eso tengo que admitir que otro gran miedo mío es engordar tanto como esas señoras del gimnasio. Claro, preferiría ser como ellas antes que como una de esas delgadísimas modelos, pero tampoco puedo imaginarme a mí misma usando ropa que otras personas pueden usar como frazada para su cama de plaza ½.
Es tan sorprendente como nos afecta esto. La mayoría de las personas prefiere se un palo sin carne antes que tener un poquito de grasa, aunque esto sea peor para su salud, y los medios en vez de ayudar a estas personas a superar sus problemas, los alientan.
Una amiga una vez me contó que haciendo un trabajo sobre la anorexia y bulimia había encontrado páginas con tips para poder comer lo menos posible o para poder vomitar mejor. Tengo que admitir que no le creí, hasta que me tocó hacer uno a mí. La verdad es que me sorprendieron por sobre todo los comentarios, que le agradecían a la creadora del blog donde se publicaban los consejos diciendo que querían ser más delgadas y que gracias a estos tips finalmente lo lograrían. Vuelvo a admitir, que sigo sin creerlo.
Hoy, al igual que todos los lunes, me toca volver al gimnasio, y me da un poco de miedo que me pase lo mismo que la semana pasada.
Deséenme suerte.
Y otra vez, los quiero.
Hasta siempre :D
lunes, 12 de julio de 2010
LOS GIMNASIOS, O COMO UNA FUERTE DISCRIMINACION CULTURAL PUEDE OBLIGAR A LAS PERSONAS A HACER COSAS QUE NI ELLOS MISMO ESTÁN SEGUROS DE POR QUÉ LO HACEN.
ESCRITO POR FrustratedYoungWriter A LAS 11:20
TRATA SOBRE ideales de belleza, locura popular
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