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martes, 20 de julio de 2010

HACER EL RIDICULO

Hacer el ridículo. Todos somos expertos en esto en cierta forma. Especialmente las personas estúpidas (como yo) que con solo salir a la calle sufren las peores caídas, vergonzosos accidentes, choques, golpes, el echo de que accidentalmente te les salga una pieza importante de ropa, etc., etc., etc.

Veamos la historia de una pobre niñita que salió de su casa un día a andar en patines:

Me llamo Alejandra *el nombre real ha sido cambiado*- Un día salí tranquilamente a patinar. Justo de casualidad TODOS los niños del pasaje estaban afuera, pero no me importaba porque era muy buena patinando.

Empecé a lucirme haciendo difíciles piruetas, cuando de repente me caí… en una poza de agua. Muy avergonzada (y mojada), escuchando como todos mis vecinos estallaban me fui lo más dignamente posible a mi casa… hasta que a mi patín se le salió la rueda. Mientras mis “amigos” no daban más de la risa ante mis desgracias, choqué de cara con un poste y perdí conocimiento. Lo último que escuché fueron sus risas y cuando desperté estaba acostada en el living de una de las vecinas.

Y esta es solo una de las tristes historias que le pasaron a Alejandra, la cual sufre de muchas vergüenzas muy repetidamente. Aún recuerda de una vez en que se sentó en una banca rota sin darse cuenta y se fue al piso con banca y todo, o cuando estaba sentada en el borde de una silla en el mall y esta se le escapó de la forma más ridícula y estrepitosa que se le pueda ocurrir. Todos los que estaban ahí se mataban de la risa mientras ella no sabía dónde esconderse. Obviamente trató de mantener mi dignidad y sentarse como si nada hubiera pasado, pero la gente seguía riéndose y señalándola hasta pasados los diez minutos del accidente.

Y aunque ha tratado de dejar atrás su historial de vergüenzas ante la gente nueva, siempre ocurre algo que le hace tener otra vergüenza por la que terminarían molestándola durante mucho tiempo. Cuando se cambió de colegio este año intentó hacerlo nuevamente, pero tristemente el primer día se manchó misteriosamente la falda café con un extraño polvo que la tiñó casi completamente de blanco. Se paseó por casi todo el colegio con este nuevo atuendo hasta que alguien se lo señaló, pero ya el daño estaba hecho. También la segunda semana de clases iba caminando de espaldas frente a todo su curso cuando su camino se vio gravemente frustrado por la presencia de una silla. Se cayó estúpidamente hacia atrás y todos los que estaban ahí vieron sus calzones negros con un tetris.

Y claro, esto le ha ganado una triste fama, porque tener tanta mala suerte no es normal.

Podría pasarme todo el resto del día enumerando los múltiples accidentes y caídas que la pobre Alejandra ha tenido a lo largo de su triste vida, las cuales he visto muy de cerca porque la conozco demasiado bien… pero el post sería demasiado largo como para seguir siendo divertido, y la idea obviamente no es aburrirlos.

En el post anterior se me olvido recordarles que los quiero así que se los recordaré el doble en este.

Los quiero, los quiero mucho y espero con muchas ganas que vuelvan a leerme, porque eso significa que lo que escribo importa… y aunque eso sea una gran mentira (hay que ser realista), al menos quiero ver como quizás se vuelve verdad… por eso los quiero tanto :D

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